Piensa en ayer: ¿a qué hora comiste?, ¿fue una comida suficiente para ti?, ¿pasaron muchas horas hasta la cena? Llegar con hambre no dice nada malo de tu fuerza de voluntad.
Durante tres días apunta la hora, qué habías comido y cómo te encontrabas. No necesitas contar calorías ni valorar el día como bueno o malo. Busca una situación que se repita.
PASO 2
Si hay un hueco largo, prepara una opción
Puedes probar una merienda que te guste: yogur natural con fruta y frutos secos; una tostada con huevo; o un pequeño bocadillo de hummus y tomate. Son ejemplos, adapta alimentos y cantidad a tu apetito y necesidades.
Déjala preparada antes de salir si trabajas por turnos. Si después sigues teniendo hambre, puedes comer más. La merienda no es una prueba que tengas que superar sin cenar.
PASO 3
Si también hay cansancio o nervios
Puedes necesitar comida y descanso a la vez. Sírvete algo, siéntate cuando sea posible y pregúntate qué otra ayuda necesitas: diez minutos de pausa, repartir la cena en casa o dejar resuelta una tarea.
No hace falta que desaparezca la emoción para poder comer. Tampoco tienes que ganarte la cena entrenando.
PASO 4
Prueba un cambio, observa y ajusta
Elige una sola cosa para tres días: llevar merienda, comer con más calma o tener una cena prevista. Comprueba si llegas con menos urgencia y si resulta viable para ti.
Si aparecen episodios repetidos de pérdida de control, culpa o mucho malestar, busca apoyo sanitario especializado. Restringir más la comida por tu cuenta puede empeorar el problema.
AHORA, A TU SEMANA
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